La Sal y Tu Piel

¿Es buena la sal?
La sal de mesa es cloruro de sodio (NaCl). Ambas sustancias son vitales para el correcto funcionamiento del cuerpo. El sodio cumple un rol primordial en el metabolismo celular, en el correcto funcionamiento de los músculos, contribuye a mantener el equilibrio ácido-base, entre muchas otras funciones vitales. El cloruro participa de las mismas funciones y muchas otras, como mantener en buen estado las articulaciones y favorecer la depuración del hígado. Un déficit de alguna de estas dos sustancias traería serios problemas de salud. Una falta en extremo de sal en nuestro organismo produce serios desórdenes que pueden incluso poner en riesgo la propia vida.

Sin embargo, es el excesivo proceso de refinamiento de la sal (y en un proceso parecido su prima el azúcar blanca), en el que se le añaden agentes químicos que desestabilizan su estructura lo que la vuelve menos saludable. Se le añade iodo, aluminio u otro anti-glutinante para evitar la formación de grumos; se la somete a altas temperaturas y a un “lavado” en el cual pierde todos los minerales y microelementos que la componen, además del sodio y del cloruro. Es así que el resultado final es una sal empobrecida, con un alto contenido en sodio y otras sustancias, nada que ver con la verdadera sal que producen de forma natural las salinas de nuestros mares.

Si bien es cierto que la sal marina es una alternativa ligeramente mejor para sustituir la sal común (contiene el equilibro natural entre sodio y cloruro que requiere nuestro cuerpo), al final del día contiene grandes cantidades de sodio (40% para ser más precisos). ¡Así que no te confundas, hay que limitarse también en su uso!. A partir de año 2010, la Asociación Americana del Corazón recomienda un consumo diario de 1,500 miligramos de sodio para el correcto funcionamiento de nuestro organismo (la indicación previa era mantener consumos menores a 2,300 miligramos). La nueva normativa es el equivalente a un poco más de ½ cucharadita de sal (la gran mayoría de la población consume el doble: 3,400 miligramos) al día.

Otro dato importante: el 75% del sodio que consumimos no proviene del salero, sino de las comidas procesadas que comemos en casa o en restaurantes... ¡Esto convierte el monitoreo de nuestro consumo diario de sodio, en un doble reto! Esto son algunos de los alimentos que más contribuyen a que consumas una mayor cantidad de sodio de la deseada: panadería comercial, carnes frías y embutidos, pizzas, algunas preparaciones de pollos listos para su consumo, la mayoría de las sopas enlatadas, sandwiches y hamburguesas preparados en establecimientos comerciales.

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